El origen de la peregrinación
a Compostela por el Camino del Norte, en el límite
astur-galaico, se remonta a los momentos inmediatamente
posteriores al descubrimiento de la Tumba del Apostol
Santiago (siglo IX). Los caminos astur-galaicos fueron
pioneros en encauzar peregrinos hacia Santiago.
Esta ruta poseía una vitalidad semejante a los
demás caminos jacobeos "primitivos",
antes de que, en los siglos XI y XII, los monarcas hispanos
potenciasen el Camino Francés como itinerario jacobeo
privilegiado.