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Juan Carlos Lema Balsas, «Zapatones»: «Mis padres son las monjas y los curas»

15/05/2015 Ocurrió hace casi veinte años: el niño abandonado que creció como un raterillo se vio frente a la catedral, miró al Apóstol en lo alto y dijo: «Quiero ser como él»

Es la persona más fotografiada de Galicia. Dentro de un traje de peregrino y detrás de una barba espesa se esconde Juan Carlos Lema Balsas (1954), un hombre con voz de cazalla que se redimió a sí mismo encarnando el espíritu jacobeo.

-No sabe dónde nació...

-Me abandonaron en la inclusa, me llevaron a A Coruña y allí me dejaron. Después me crié con los salesianos de Cambados. Mis padres son las monjas y los curas. Después tuve una etapa un poquillo fastidiada...

-¿Fue un caco?

-Eso, un caco. Rateaba un poco para sobrevivir. Pero tuve la suerte de que alguien se interesó por mí otra vez, personas como el señor Román, de Casa Rosalía, como Daniel Otero [jefe comercial de la Cope] y su familia, o como vosotros, los de La Voz. Y quiero dar las gracias al interés que ha mostrado en mí el presidente Feijoo.

-¿En qué momento se convierte en Zapatones?

-Llevaba tiempo tirado en la calle, de un lado para otro. Un día me encontré frente a la catedral, pensando, y decidí que quería vestirme como aquel que está allá arriba, controlándonos a todos. Entonces hablé con Otero [cuyo padre vendía báculos y trajes de peregrino] y le comenté mi ilusión de representar, en carne y hueso, a un peregrino medieval. No lo dudó. De eso igual hace casi veinte años.

-Siempre le llama al Obradoiro «mi plaza»...

-Mira: Su Majestad, el Rey, me dijo en persona que tenía en esta plaza la sala de estar más bonita del mundo. Eso me llenó mucho, me animó a seguir. Eso me ayudó a dejar de ser un sinvergüencilla . Creo que me estoy dando a valer.

-¿De cuánto tiempo es esa barba?

-No lo sé. Me la dejo porque, todo los años, visito a los niños oncológicos del Clínico para hacerlos un poco felices, sin cobrar nada. La mejor paga es la sonrisa de esos chavales.

-¿De qué vive Zapatones?

-Si me dan, cojo; si no me dan, tampoco pasa nada. Tengo una pequeña ayuda social, y con eso sobrevivo solo en una casita alquilada en Brañas de Sar.

-¿Se apaña bien?

-Hago mi cama, la limpieza... Por las noches cocino como buenamente puedo.

-¿Y le pesa la soledad?

-Me siento recompensado con esa sonrisa que se lleva la gente, llevo mi soledad con valentía. Yo creo que no me tratan como a un payaso. Lo único que pido es que, para el próximo año santo, algún alma caritativa, algún empresario de esos que tanto hablan del Xacobeo, me regale una capa nueva para estrenarla el 31 de diciembre.

-Pues pide bien poco...

-Solo eso. De lo que hagamos el año que viene dependerá mucho que Galicia siga triunfando a nivel internacional. El Camino de Santiago es una búsqueda, un reencuentro con uno mismo, un contacto con la madre tierra...

-Parece usted un catedrático...

-[Se ríe] Le pido a todas las autoridades que sepamos recibir con los brazos abiertos a todos los visitantes, eso es un beneficio para toda Galicia.

-¿Nunca volvió a saber de su familia?

-Nunca me interesó, ya te dije que mis padres son los curas y las monjas.

-¿Y nunca pensó en formar su propia familia?

-¿Y quién va a querer a este crápula que no tiene un duro ni donde caerse muerto?

-¿La salud?

-Bien, gracias. Fumo Ducados. Y bebo Estrella Galicia, pero tiene antioxidantes.

-¿Se pone un horario para estar en el Obradoiro?

-Depende. Me levanto temprano, hago la cama, me ducho y vengo andando por la avenida de Lugo. Estos días he tenido una gripe galopante, pero siempre estoy ahí. Ahora quiero hacer el Camino Portugués desde Coímbra para llegar antes de fin de año.

-¿Y cómo es Juan Carlos cuando se quita la capa?

-Tengo amigos, pero ando solo. Me gusta meditar sobre lo que he hecho, cómo puedo corregirme. Siempre llevo algún libro en el bolsillo. La tele no la veo, la tengo de adorno.

-De todos los famosos con los que se ha retratado, ¿tiene algún recuerdo especial?

-Del señor Chávez, presidente de Venezuela. Antes de entrar en la catedral dijo que Jesucristo había sido el mejor comunista de la historia, y eso estuvo fuera de lugar. Porque tenga petróleo no puede decir lo que le salga de las narices.

-¿Su deseo para el Xacobeo?

-Levantarme una mañana y que alguien llame a mi puerta para decirme: «Juan Carlos, te vamos a echar un cable». Y me gustaría ser uno de los primeros en entrar el 31 de diciembre por la Puerta Santa. Se lo pido a quien corresponda.

-Le apuesto lo que quiera a que, un día, le harán una estatua en Santiago.

-Pues que sea en vida, que de muerto no la quiero.

Nacho Mirás Fole. La Voz de Galicia.